sábado, 17 de junio de 2017

Rafael Hernando: el hombre que no deberíamos ser, por Octavio Salazar

El portavoz del PP demostró que uno de los ejes esenciales de la subjetividad masculina dominante es el desprecio a las mujeres
Este artículo fue publicado originalmente en la edición digital de El País y posteriormente despublicado porque la dirección lo consideró "inapropiado"

Siempre que en algunas jornadas se plantea el interrogante sobre lo que significan las “nuevas masculinidades” –un término que a mí al menos me genera el rechazo propio de las etiquetas que no transcienden lo políticamente correcto y que en este caso incluso pueden seguirle el juego al patriarcado–, me resulta muy complicado precisar en qué consiste ser un hombre “nuevo”. Resulta mucho más fácil, como en tantos otros debates complejos, especificar lo que en todo caso no debería formar parte de un nuevo entendimiento de la virilidad, despojada al fin de lastres machistas y dispuesta a transitar por senderos en los que sea posible la equivalencia de mujeres y hombres. En este sentido, resulta tremendamente didáctico usar referentes de la vida pública para señalar justamente lo que no debería ser un hombre del siglo XXI. Un territorio, el de la vida pública, que todavía hoy está  casi enteramente poblado por sujetos que visten cómodamente el traje de la “masculinidad hegemónica” y que lógicamente están encantados de ser la parte privilegiada del contrato.
Si alguna consecuencia positiva podemos extraer del debate que tuvo lugar en el Congreso hace unos días con motivo de la moción de censura presentada por Unidos Podemos es, además de confirmar lo necesitado que está el Parlamento de voces contundentemente feministas como la de Irene Montero, el magnífico ejemplo que nos ofreció una vez más el portavoz del Grupo Parlamentario Popular sobre el tipo de varón que debería estar fuera de la vida pública y al que ningún joven debería aspirar a parecerse. Como es habitual en él, y como supongo que así lo espera el público que le aplaude y que comulga con su chulería misógina, Rafael Hernando demostró que uno de los ejes esenciales de la subjetividad masculina dominante es el desprecio de las mujeres, la negación de su individualidad y autoridad, así como la necesidad de empequeñecerlas a ellas para que nosotros podamos vernos el doble de nuestro tamaño natural. Algo que ya nos descubriera con su lucidez preclara Virginia Woolf a la que me imagino que Hernando y su fratría de iguales no tienen entre sus lecturas de cabecera.
Los comentarios del portavoz popular, y no digamos las justificaciones posteriores dadas por él mismo y por algunos miembros (y miembras) de su partido, ponen de relieve uno de los mayores obstáculos que las mujeres siguen encontrando para ejercer su estatuto de ciudadanas en igualdad de condiciones con los hombres. Me refiero no solo a cómo nosotros seguimos prácticamente monopolizando los púlpitos, que también, sino a cómo desde esos mismos espacios en los que actuamos como representantes de todas y de todos solemos devaluar las aportaciones de nuestras compañeras, les negamos valor por sí mismas y seguimos finalmente prorrogando la concepción de que de las mujeres solo pueden ser seres que viven por y para otros, y que por tanto que si están en política es porque hay hombres que se lo permiten y siempre, claro está, que ellas permanezcan en un lugar subordinado.  De esta manera, y mientras que para los hombres los vínculos afectivos o sexuales no han supuesto nunca un argumento que mine nuestra autoridad –al contrario, incluso puede llegar a ser un factor más de reconocimiento entre iguales–, para ellas sus relaciones personales y familiares juegan en contra y son esgrimidas por el adversario como argumento de peso para quitarle valor a su acción política.
Rafael Hernando, no solo por lo que dice sino por cómo lo dice, es el mejor ejemplo de un modelo de virilidad que deberíamos superar si efectivamente queremos construir una sociedad en la que el sistema sexo/género no siga estableciendo jerarquías entre nosotros y ellas. Si efectivamente deseamos que los valores éticos que impregnen nuestra democracia tengan que ver, como bien nos enseña el feminismo, con el reconocimiento de nuestra fragilidad y por tanto de nuestra interdependencia, con la necesidad de establecer puentes entre las y los diferentes o con la asunción de que la vida pública y privada no son opuestas sino necesariamente complementarias, necesitamos un modelo diverso de hombría que deje atrás la omnipotencia de quien se sabe sujeto privilegiado y que sea capaz de reconocer a las mujeres como la mitad igual sin la que el pacto democrático no merece este adjetivo. Ello pasa necesariamente por la renuncia a nuestra situación de comodidad, por la superación de la idea de que nuestros deseos pueden convertirse en derechos y por el reconocimiento de la igual autoridad de unas compañeras que todavía tienen que justificar sus méritos el doble que nosotros y a las que es habitual que se les niegue la competencia que con tanta facilidad se aplaude a varones mucho más mediocres que ellas.
Siguiendo el eco del  acertado tuit que mi admirada Leticia Dolera hizo circular tras escuchar a Hernando, si algo nos demostró la fallida moción de censura es que este país necesita no tanto un pacto contra la violencia de género sino un pacto contra el machismo. Lo cual pasa necesariamente por la pérdida de protagonismo en la escena pública de quienes no parecen dispuestos a bajarse del púlpito de su virilidad y por la militancia activa de todos nosotros, los sujetos privilegiados, en la renuncia a nuestros dividendos y en la denuncia feroz de cualquier comportamiento o actitud que nos marque como machitos habituados al ejercicio de la violencia. Una violencia que no solo se traduce en la que habitualmente identificamos estrictamente con la de género, según la LO 1/2004, sino que se expresa también en las múltiples formas –también simbólicas– mediante las que se humilla o desprecia a las mujeres. 

lunes, 29 de mayo de 2017

El día que Bono, como ministro, rindió honores al fascismo, por Cristina Fallarás

El ministro de Defensa en 2004 puso a desfilar con las Fuerzas Armadas a un falangista junto a uno de los españoles que liberó París de los nazis


Martes, 12 de octubre de 2004, Madrid. Dos ancianos caminan abriendo el desfile de las Fuerzas Armadas. Encabezan un pequeño grupo vestido de civil que desfila ante la Familia Real por decisión del entonces ministro de Defensa, José Bono, y del presidente José Luis Rodríguez Zapatero. El grupo avanza en columna de a dos desprovisto de la energía castrense que le rodea, y sorprende la distancia que los dos ancianos mantienen entre ellos, mayor que la del resto de parejas. Una voz va narrando al gentío que ha acudido a la plaza de Colón lo que sucede. La inmensa mayoría masculina y marcial que espera a desfilar con sus armas en ristre no alcanzará a oír a esa voz pronunciar las palabras “La paz y la concordia han quedado para siempre establecidas”.
Viendo a los dos ancianos, uno no puede adivinar sus pensamientos, pero ambos son conscientes de protagonizar dicha frase. Quizás su único modo de expresión, ya que no se les dará voz, reside en la elección de su indumentaria.
El que camina a la derecha se llama Luis Royo. Viste cazadora oscura sobre polo pardo. Ha prescindido de la corbata y lleva un libro en la mano cuyo título no se alcanza a distinguir, aunque también podría ser una publicación. El de la izquierda se llama Ángel Salamanca. Viste traje oscuro y corbata, gafas de sol y una medalla otorgada por el Ejército español a raíz de su lucha junto al Ejército nazi.
Royo, republicano, participó junto a la División Leclerc en la liberación de París, ocupada hasta entonces por los nazis. Salamanca se unió a las tropas fascistas de Adolf Hitler junto a la División Azul.
El ministro de Defensa, José Bono, con el beneplácito de Rodríguez Zapatero, ha decidido que desfilen juntos, formando pareja, públicamente. Con ese gesto han decidido que “la paz y la concordia han quedado para siempre establecidas”. Con ese gesto, equiparan a los combatientes fascistas y a aquellos otros que lucharon por la democracia y la libertad. En el siguiente vídeo del desfile de las Fuerzas Armadas de 2004 se puede observar el paso de Royo y Salamanca a partir del minuto 19:04 .
Royo, Legión de Honor de la República Francesa
El primer grupo de soldados que entró en París para liberarlo de la ocupación nazi se llamaba La Nueve y estaba enteramente formado por soldados españoles. Entre ellos, el anarquista Luis Royo, que ya había luchado en la Guerra Civil contra el ejército franquista.
Royo falleció hace menos de un año. En su obituario (El País, 31/8/2016), la escritora Evelyn Mesquida, autora del libro La Nueve, los republicanos españoles que liberaron París, recordaba las palabras de Royo: "La verdad es que nunca pensé que luchaba para liberar a Francia sino que estaba luchando por la libertad. Para nosotros aquella lucha significaba la continuación de la Guerra Civil”.
Setenta años después de su entrada en París, Francia, representada por la alcaldesa Anne Hidalgo, rindió homenaje a aquellos republicanos.
Salamanca, medalla del Ejército Español
El 18 de julio de 1998, siendo Eduardo Serra ministro de Defensa del Gobierno de Aznar, se le impuso a Ángel Salamanca, miembro de la División Azul, la Medalla Militar Individual. Defensa decidió que Salamanca merecía recibir tal distinción por su participación en una batalla librada en 1943 junto al Ejército nazi.
En el acto militar de distinción a Salamanca, José Faura, jefe del Estado Mayor del Ejército, declaró: “El tiempo ha pasado, pero los sentimientos perduran. Esos ideales [los de la División Azul] no caducan, son permanentes y deben inspirar en todo tiempo, en paz o en guerra, la conducta de las Fuerzas Armadas”.
Tanto la revista El Abanderado Falangista como la Fundación Nacional Francisco Franco aplaudieron dicho premio y loaron la figura del condecorado y su lucha junto a las tropas de Hitler.
Sin embargo, el hombre elegido por Bono para desfilar no solo formaba parte de la Falange y los herederos del dictador. La comunidad internacional neonazi Stormfront, cuyo lema reza We are the voice of the new, embattled White minority! (¡Somos la voz de la nueva y combativa minoría Blanca!), también reclama a Ángel Salamanca como uno de los suyos.
Bono y su “concordia”
El 12 de octubre de 2004, cuando el ministro de Defensa José Bono puso a desfilar a Salamanca junto a un republicano antinazi, hacía solo seis años que el falangista había recibido la medalla, celebrada en círculos fascistas y de extrema derecha españoles e internacionales, premio que algunos sectores del Ejército habían cuestionado.
Más allá de lo que supone identificar a un combatiente fascista con otro republicano, la elección de quiénes iban a hacerlo resultó por fuerza delicadísima. O sea, que Ángel Salamanca no fue elegido al azar, lo que hace suponer que Defensa conocía sus inclinaciones, no ya cuando de joven luchó junto a los nazis, sino las que sostenía en ese mismo octubre de 2004.
También se supone que, si no lo habían leído, sabían de la existencia de su libro Esclavos de Stalin, publicado solo dos años antes, en 2002, por la Editorial Fuerza Nueva.
Dos días antes del desfile, numerosas asociaciones españolas firmaron un minucioso comunicado de repulsa del que se hicieron eco diversas asociaciones pro Derechos Humanos europeas. Entre las firmantes estaban la AFARIIREP (Asociación de Familiares y Amigos de Represaliados de la II República por el Franquismo), los Amigos de los caídos por la libertad (1939–1945), Asociación para la creación del Archivo de la Guerra Civil, las Brigadas Internacionales, los Niños de la Guerra, la Resistencia y el Exilio Español, la Asociación de Descendientes del Exilio Español, la Asociación Manuel Azaña, los Desaparecidos de la guerra civil y el exilio republicano, el Foro por la Memoria, o el Instituto Republicano de Derechos Humanos.
Bono les acusó de mantener “planteamientos antiespañoles”, y declaró: "Es mucho más solidario, moderno e inteligente buscar la concordia entre todos, entre los de uno y otro bando, que leer la cartilla a unos o a otros".
L’Humanité y la indignación
El jueves 13 de octubre de 2004, un día después del desfile, la periodista Meriem Djebari publicaba en L’Humanité una crónica titulada La mémoire républicaine insultée (AQUÍ).
En ella afirmaba, sobre la apelación a la concordia de Bono: “Una declaración indignante para las víctimas del franquismo cuya rehabilitación es todavía incompleta y para los españoles que combatieron la dictadura. Es aún más despectivo ya que tiende a negar el necesario trabajo de memoria. El consenso político de la era pos-Franco para establecer la democracia se ha hecho sobre la base de una amnistía que equivale a una amnesia sobre ese periodo. La "reconciliación" en España, que tanto aprecia José Bono, no puede mezclar a los combatientes que permanecieron fieles la República, e incluso a aquellos asesinados, con el apoyo entusiasta de las fuerzas del Eje”.

viernes, 26 de mayo de 2017

El PP utiliza imágenes de colapsos sanitarios de la época de Cospedal para atacar a Page

LAS INSTANTÁNEAS FUERON REALIZADAS EN 2013 Y 2014

Carmen Riolobos, senadora del Partido Popular, ha pretendido hacer pasar por actuales unas fotografías de enfermos hacinados en los pasillos de las Urgencias de Toledo. Sanidad recuerda que ya denunció esta misma manipulación en noviembre de 2015.

Polémica por unas instantáneas con pacientes en camillas que se amontonan en los pasillos de las Urgencias del Hospital Virgen de la Salud de Toledo. La última campaña del Partido Popular de Castilla-La Mancha contra Emiliano García-Page en las redes sociales ha sido tachada como "manipulación" por parte del Ejecutivo autonómico tras comprobarse que dirigentes conservadores han pretendido hacer pasar por actuales unas imágenes de colapsos sanitarios que fueron realizadas en la época de María Dolores de Cospedal.
Así lo ha denunciado la Consejería de Sanidad en un comunicado, en el que recuerda que en noviembre de 2015 ya se puso en manos de la Policía Nacional una falacia semejante. En esta ocasión ha sido la senadora del PP por Toledo, Carmen Riolobos, quien ha colgado en sus redes sociales fotografías de Urgencias de Toledo saturadas, con enfermos en los pasillos. La también vicesecretaria de Comunicación y portavoz de los ‘populares’ castellano‑manchegos acompaña las fotografías con el texto "Qué bueno!!! Page se va por ser el responsable del caos sanitario y del sufrimiento de miles de enfermos y de sus familias".
A raíz de esto, Sanidad asegura poder demostrar que estas instantáneas pertenecen a los años 2013 y 2014, como se puede comprobar en diversas informaciones aparecidas en medios de comunicación durante ese periódo, y que recogían la mala situación que vivía el sistema sanitario público de Castilla-La Mancha.
Hace más de un año y medio la Consejería ya denunció "la misma manipulación", entonces realizada desde ‘@conCospedal’, un perfil de Twitter de apoyo a la presidenta autonómica del PP que publicó "las mismas fotos con pacientes en los pasillos de las Urgencias del hospital toledano", acompañadas en ese momento por el mensaje "García-Page tiene un problema con la Sanidad, que se le está yendo de las manos".
Por ello, desde el Ejecutivo de Page denuncian y demuestran así, "una vez más", la "burda" manipulación de "un error ya cometido y a sabiendas", por lo que pide a los conservadores que "se deje de mentir en torno a la sanidad pública de la región", al ser un asunto que afecta a la totalidad de los ciudadanos.

sábado, 20 de mayo de 2017

"La tauromaquia es un moribundo al que mantienen vivo con subvenciones"

El Roto publica junto a Manuel Vicent AntiTauromaquia, conjunto de textos e ilustraciones antitaurinas que desmontan todos los tópicos de los defensores de las corridas de toros.
"Que hayan bajado el IVA a los toros al 10%, mientras el cine lo mantienen al 21%, es un escándalo mayúsculo".
"Si o quieren llamar cultura, son libres de llamarlo como quieran, pero objetivamente lo que hay ahí es la tortura del animal"

Las mulillas arrastran al desolladero un cuerpo al terminar la faena. Es el fin del espectáculo, de la 'fiesta nacional'. El público aplaude enfervorecido en los tendidos. Agitan sus pañuelos blancos pidiendo al presidente los trofeos del animal. Una oreja. La otra. ¡El rabo! Pero en esta ocasión no vemos un toro ensangrentado, con la lengua fuera, rebozado por el albero al son de los cascabeles. El arrastrado es el torero. Porque esta no es la imagen de una tauromaquia al uso: esta es la de El Roto.
Andrés Rábago (Madrid, 1947) ilustra la recopilación de columnas antitaurinas que su compañero Manuel Vicent ha escrito durante 20 años al calor de eventos como la Feria de San Isidro. Textos críticos y directos que no se andan con ambages, empezando con un lema que grita en la primera página: "Si el toreo es cultura, el canibalismo es gastronomía".
Rábago, más conocido como El Roto, salpica las páginas de AntiTauromaquia (Random House) con 36 ilustraciones como 36 banderillas, dirigidas a clavarse en la conciencia de aquellos que todavía defienden ese espectáculo.
El resultado es, como define Vicent en el prólogo, "un panfleto" contra la crueldad en el que las "terribles y misteriosas imágenes de El Roto no dan ninguna escapatoria".
La serie vuelve del revés el toreo, pinta las reflexiones del animal y, sobre todo, lo hace visible. Porque, según explica El Roto en conversación con eldiario.es, en la plaza no se le ve. "Nadie ve al toro. Si lo viesen, serían incapaces de estar allí. Saltarían al ruedo a detener al torero, gritando: "¡Pero qué está haciendo! ¡Está usted loco! ¡Pero si no le ha hecho nada!", enfatiza el dibujante.
Un animal invisible que es torturado sin tregua en un cruel juego de espejos en el que el público se ve reflejado en el matador. "El toro es un comparsa", añade, "los espectadores solo ven al torero porque, en el ruedo, se ven a sí mismos y se figuran allí delante".
Para abordar la labor de ilustrar esta AntiTauromaquia, El Roto se documentó buscando información gráfica, centrándose en la etapa en la que se produjo la transición previa al boom de las corridas con la explosión del turismo en los años 60. "Busqué en las revistas, como El Ruedo, que es muy interesante desde el punto de vista sociológico. Y a partir de ahí fueron surgiendo algunas ideas". 
En la serie, que "prácticamente podrían ser carteles o estampas populares", se reflejan las distintas fases de las corridas de toros, desde las dehesas hasta el matadero. En ocasiones, los toros hablan.
"No creo que los toros piensen lo que dibujo", cuenta el ilustrador sobre los aforismos que introduce a veces en sus estampas. "Nosotros somos incapaces de conocer al animal por dentro, pero podemos, sin más, como seres vivos, imaginar lo que eso les puede suponer", expresa.
En la imaginación de El Roto, los toros intentan dialogar con el matador, llueven libros en lugar de almohadillas en el ruedo, el capote se transforma en un lienzo y el estoque en un pincel. Toreros que salen a hombros de indigentes después de haber bordado una faena matando moscas. Toreros que sonríen pese a haber sido corneados, de tan valientes que son.
En ocasiones, un dibujo mudo lo dice todo. En otras, basta una frase o un título. Y luego están las ilustraciones que transmiten algo diferente cada vez que se pasa por ellas.
"Muchas imágenes tienen un contenido casi metafórico y no se pueden traducir directamente a palabras porque entonces serían literatura", explica El Roto sobre sus creaciones más crípticas. "Es algo que te produce sensaciones y esa es la función de una buena imagen, despertar algo en ti: emociones, sensaciones, estados de ánimo", añade.

"Escándalo mayúsculo"

A veces, transmiten rabia. Porque los que tienen en su mano acabar con este espectáculo reman en la dirección contraria. 
"Tenemos que cambiar de Gobierno", clama tajantemente el dibujante ante el hecho de que se sigan dando subvenciones a la tauromaquia y además sin transparencia, "en un territorio poco claro". Arremete también contra la bajada del IVA a las corridas de toros: "Lo han bajado a un 10% mientras que al cine lo mantienen al 21%. Es un escándalo mayúsculo".
En sus viñetas antitaurinas hay banqueros, curas y hasta un Franco torero. Ante esa parte de la autodenominada modernidad, que reivindica ahora las corridas de toros, y en ocasiones desde la izquierda, El Roto aplica la misma vara de medir que "a la derecha cavernícola y rancia", ya que se sitúan "en el mismo lugar que los otros".
Aun así, ve mayoritariamente que surgen "movimientos a favor de un mejor trato a los seres vivos, a los que necesariamente deberíamos considerar como hermanos menores" y lamenta que pueda "haber una pequeña partida de gente" que hoy en día abogue por lo contrario.
Los argumentos de los taurinos son para El Roto "adornos" y una manera de "lavar la imagen de lo que, en algún lugar de ellos mismos, claramente les avergüenza".
Para el pintor, no cabe ninguna duda de que no hay un ápice de cultura en las corridas de toros. "Lo que objetivamente ocurre es que un animal sale a un ruedo, intenta huir y es sometido hasta su muerte, eso es lo que hay", denuncia. "Si lo quieren llamar cultura, son libres de llamarlo como quieran, pero objetivamente lo que hay ahí es la tortura del animal", apostilla.
Manuel Vicent critica en AntiTauromaquia que los toros sigan ocupando espacio en las páginas del diario en el que escribe y pide no darle cobertura para que "el lector sensible no tenga que pasar por la humillación de contemplar", en la sección de Cultura de El País, "esa morcilla acribillada y sangrante que un día fue un bello animal".
El Roto también considera inadecuado que se dedique espacio a los toros en Cultura, o "que simplemente, se le dedique una página a algo así". Y destaca que para él las lecturas de esas crónicas "reflejan la decadencia y la miseria del espectáculo".

"Solo con leerlo te das cuenta de que es algo muerto. Lo que se llama ‘la fiesta’ está en una clara decadencia, es un moribundo que se mantiene vivo artificialmente a través de subvenciones", señala.
Lamenta El Roto que por este motivo "todavía falte algún tiempo" para que podamos ver el fin de este muerto viviente que son las corridas de toros, "una decadencia penosa con la que habrá que acabar en algún momento". Tal vez sea solo cuestión de darle la puntilla.

sábado, 29 de abril de 2017

Moción de censura, urgente exigencia ética, por Rosa María Artal

La fosa séptica de la corrupción del PP ha saltado por los aires. Por saturación de contenidos, y por el valor de los profesionales que se han empeñado en limpiarla a pesar de las zancadillas. La justicia sirve a la sociedad, a veces lo olvidamos. Tras una semana de "calvario mediático", como la califica un colega, Unidos Podemos anuncia la presentación de una moción de censura. Si lo aprueban en consulta las bases, añaden este viernes. Con el candidato que prefiera el conjunto de los apoyos, de PSOE o Ciudadanos incluso.
Y el foco mediático cambia. Políticos y medios se lanzan a la crítica, con enorme virulencia. Como si estuvieran aguardando la ocasión para poner, de nuevo, parches de polietileno de alta densidad a la fosa de los detritus y tratar de contener el desparrame. Son muy respetuosos con la ética, la democracia, la pulcritud de las instituciones, pero la reacción desmesurada conduce a equívocos. Esas declaraciones airadas, esas portadas acusatorias, esos editoriales, otra vez. Contra Podemos, no contra la corrupción.
Con lo que estamos viendo, con provocaciones incluso de tutores del pillaje, que no sea un clamor que este PP debe dejar el gobierno resulta demasiado turbio. En la calle hay alarma social. En la que no anda entretenida, por supuesto, con los "juadores", el equipo A, el Master Chef, Sálvame, o las adicciones partidistas. Abochorna la democracia que sean más duras las críticas a Unidos Podemos por plantear que no puede seguir este Gobierno, que a la corrupción del PP.
Echar al Gobierno que preside Rajoy es una exigencia ética, sin duda. No hay mal peor para una democracia, para una sociedad, que tener incrustado en el país un foco de putrefacción. Cada detalle que se conoce añade gravedad al conjunto. Lo último por ahora, la estrategia de Moix para someter a la fiscalía Anticorrupción que preside. Ser el único que hable con periodistas o controlar cada papel.
Las grabaciones judiciales a los protagonistas de la corrupción hieren los espíritus más curtidos, no así al parecer a políticos y medios. Nos tragamos el saqueo impenitente, los volquetes de putas de la Púnica de Granados, jueces enviados "a tomar por culo" de González, los hilos que se mueven para intentar que así sea, con mayor dureza en el caso de los fiscales: es demasiado, insoportable. No hay presunción de inocencia que tape la necesidad de una regeneración política, mientras la justicia sigue su curso.
Pero quien puede hacerlo no está por la labor. Es evidente. Al PSOE no le viene bien una moción de censura, descabezado ahora como está por su propia voluntad. Aunque la política es una actividad dedicada a trabajar por lo que le viene bien a la ciudadanía. Y este Partido Popular suma incesantes puntos contraproducentes para la salud social.
A la corrupción, como una losa que desprende toda su mugre sobre nuestras vidas, se añade la involución. El PP la intensifica, al ritmo que lo hace la sociedad sobre la que ejerce influencia. Llevamos unas semanas con unos brotes ultraderechistas, franquistas incluso, realmente significativos. Y el PP gobierna. Gracias a la abstención del PSOE y el sí de Ciudadanos. Y ahí sigue como un estigma a la credibilidad de estos partidos. Si la objeción fueran las formas de Unidos Podemos, presentarían su propia moción de censura. Y eso no va a ocurrir ni en sueños. Pedir dimisiones a secundarios, dejando al mando a quien nombra a todos es maniobra de distracción.
El PSOE no tiene ninguna posibilidad de gobernar en el estado en el que se encuentra. Los errores le lastran, como a sus colegas franceses. Los de Hollande, naturalmente. Tan vapuleado, que ni pudo presentarse a la reelección presidencial.  Valls, su jefe de gobierno, quedó aparcado por Benoît Hamon, el exministro, al que no echaron pero se fue en desacuerdo con las políticas de austeridad de su partido. Resulta patético que el PSOE salido del golpe contra Pedro Sánchez culpe a Hamon de su vergonzante 6,4% de votos.
La elección del PSOE está hecha desde hace tiempo: el PP. Para eso ató corto a Sánchez y le echó después. Por ideología y porque demuestra que no le incomoda seriamente la corrupción del PP. No secundará la moción de censura de Podemos. Y lo pagará probablemente. Si fuera por esta cúpula, los gobiernos del PP estarían garantizados sine die.
Ciudadanos tampoco. Es obvio. Dice preferir la estabilidad. La estabilidad de la corrupción, en la práctica. PP, PSOE y C's han rechazado también la propuesta de celebrar un pleno monográfico en el Congreso para que Rajoy dé explicaciones por la corrupción. Como una piña. De ahí que se vea claro qué les incomoda más. 
Recordamos estos días la moción de censura en 1980 de Felipe González a Adolfo Suárez, el presidente en minoría de UCD. El que reivindican ahora y añoran con lágrimas en los ojos como el mejor de la democracia. No vivíamos una situación de corrupción como la de ahora ni por lo más remoto. Se aprovechó la debilidad de Suárez ante las pirañas de su partido, muchos de ellos hoy en el PP. Sabiendo que no saldría adelante. Le fue muy útil a Felipe González. Poco después ganó y por aplastante mayoría absoluta, lo cuenta con detalle Sindo Lafuente. Las circunstancias son muy distintas en este momento. La prensa era muy distinta, los "ochenta" fueron los años de oro del periodismo en España. Y muchos siguen aquí. Evolucionados unos, involucionados otros.
Una moción de censura ahora, al PP, está mucho más justificada. Se trata de constatar al menos la situación abyecta que vivimos. Y definir los apoyos y las complicidades. No será fácil que los ciudadanos menos exigentes superen la barrera de a quienes les mandan detestar masivamente, pero al menos algo se oirá de los detalles que se ocultan (véase TVE entre otros medios). Sí, es una exigencia ética urgente llevar el debate sobre la corrupción al Parlamento.
Si el tactismo se admite en aquel y otros casos, pensar que es solo lo que mueve a Unidos Podemos a presentar una moción de censura, es la ley del embudo. Y que Podemos quiere "interferir" en las primarias del PSOE, que se basta y se sobra para interferirse solo, da idea del nivel que tienen los establecidos en España. Los establecidos, los que no pisan la calle o lo hacen con tapones en los oídos y antifaz de dormir. Siguen sin querer darse cuenta de lo ocurrido, de lo que desde las alturas provocaron, de las sombras mortales que se expanden sobre la ciudadanía en muchos lugares del mundo ya, por los años de políticas de la desigualdad, la injusticia y el saqueo. 
En España, la única solución es un gobierno de concentración que, como escribía aquí Carlos Hérnandez, limpie a fondo la mierda. Superando crisis, rivalidades y rencillas. Porque conviene a la sociedad y no a intereses partidistas y empresariales. No va a ocurrir. Aunque la historia camina contra el bipartidismo corrupto, sus errores y manipulaciones. Y la salida en otros países está siendo caer en los híbridos del fascismo y los negocios, con vocación belicista y de recorte de libertades.
A todos los niveles, la ética empieza a ser una urgente exigencia.

miércoles, 26 de abril de 2017

Los bandazos de Molina al frente de Podemos Castilla‑La Mancha

De Gustavo Fabra Sánchez‑Garnica

Tiene guasa que hayamos tenido que esperar casi dos años para que el secretario general de Podemos, José García Molina, haya descubierto que Page es mucho Page, que gobierna como si tuviera mayoría absoluta cuando no la tiene ni simple, y que lleva a cabo políticas socio-liberales que camuflan, tras una supuesta defensa de los servicios públicos, su desaparición por la falta de personal y recursos, y por la utilización de forma generalizada de externalizaciones a la empresa privada, al tercer sector o a las fundaciones. Básicamente los motivos por los que, supuestamente, se han rechazado los presupuestos de 2017.

Un tiempo, en el que García Molina lejos de combatir esas prácticas, junto con los movimientos sociales y sindicales que llevan desde el primer día plantando cara, se ha dedicado a saborear las mieles de la política de moqueta y salón, dejándose cegar por los focos de las televisiones y por los arrumacos que le dedicaban desde la bancada socialista. Un tiempo, en el que hemos asistido a una verdadera luna de miel, donde se pactaba alegremente con #EstePSOE el reparto de los cargos institucionales (Vicepresidencia Cortes, senadora autonómica, etc) y se aprobaban unos “presupuestos del cambio” para 2016 (peores que los del 2017, por cierto).

Tal fue la pasión del momento que el idilio estuvo a punto de acabar en boda, cuando el 24 de julio del año pasado, justo un mes después de las elecciones generales del 26J, García Molina manifestaba públicamente la posibilidad de entrar en el gobierno de García Page. Sí, un gobierno socio-liberal que estaba externalizando servicios públicos en ese mismo momento, y sí, con el mismo Barón “socialista” que ya estaba conspirando para quitarse de en medio a Sánchez y mantener a Rajoy en la presidencia del gobierno.
A partir de aquí los bandazos son constantes, trazando una línea política en zig zag absolutamente desconcertante y plagada de incoherencias. Mientras el 15 de septiembre Podemos y PSOE aprueban el techo de gasto para 2017, apenas once días después, el 26 de septiembre, García Molina nos sorprende a todos anunciando solemnemente que “El acuerdo de investidura ha muerto de desaliento y de vergüenza”. Una decisión tomada en la sombra por la ejecutiva, sin debatirla previamente con las bases en los círculos, y que para colmo revierte un acuerdo ratificado un año antes por la asamblea ciudadana de Podemos CLM. El colmo de los colmos, es que esa es la única cuestión política que ha sido llevada a consulta de los inscritos en lo que llevamos de legislatura, al margen de las primarias internas.
Al gobierno le sentó a cuerno quemado, pero intentó restarle importancia declarando que “hay que esperar a ver en qué actitud están si quieren volver a negociar los presupuestos”, y efectivamente tres meses después volvimos a asistir a un nuevo bandazo por parte de Molina y su equipo.
El día 10 de enero, y como si no hubiera pasado nada, García Molina presenta en un desayuno informativo el Plan Podemos para Castilla-La Mancha, que pretendía “mejorar y facilitar la vida a la gente”. Dos días después el PSOE lo aceptaba de mano del vicepresidente, José Luis Martínez Guijarro. Y a partir de aquí, la tramitación presupuestaria fue rodada. El 23 de enero Podemos presenta el proyecto de presupuestos de 2017 junto con el Consejero de Hacienda, Juan Alfonso Ruiz Molina, y el 23 de febrero Podemos y PSOE tumban la enmienda a la totalidad del PP.
Y de esta manera es como se llega a la fase final de enmiendas parciales, que yo viví en primera persona y que da para otro artículo entero. Pero os puedo asegurar, después de tragarme casi en su totalidad las comparecencias de los consejeros y consejeras, la Comisión de los Grupos Parlamentarios, y el propio Pleno de los días 6 y 7 (menudo empacho), que Podemos en ningún momento advirtió de que si no se aprobaban esas enmiendas no apoyarían los presupuestos. Es más, en ningún momento dio esa sensación. De ahí la perplejidad de todo el mundo ante el rechazo definitivo de las cuentas, el bandazo final.
Un rechazo a los presupuestos que, lejos de fortalecer la posición de Podemos, ha supuesto una fractura social en nuestra región, no ya porque no existan fundadas razones para rechazar unas cuentas claramente insuficientes, sino por las formas de expresar dicho rechazo, decidido por un grupúsculo de personas afines a Molina, comunicado el sentido del voto una hora antes de la votación al propio portavoz de Podemos en las Cortes, sin ninguna explicación previa y sin haber sido razonado ante la opinión pública y los movimientos sociales que, habiendo participado en el proceso de negociación, se sienten ahora traicionados. Un amplio abanico de organizaciones de diversos sectores que, lejos de pertenecer a la red clientelar del PSOE, han sido muy críticas con el gobierno regional y sus políticas antisociales.
Analizando a quién ha beneficiado esta decisión se ve más claramente la torpeza de la misma. El PP está encantado, la caída de los presupuestos provoca que se mantengan, casi intactos, los recortes de Cospedal, aunque su aprobación, ciertamente, también hubiese mantenido algunos de ellos. El PSOE, por mucho que echaran espuma por la boca los primeros días, también está radiante. Le han dado la oportunidad de lavarse la cara iniciando una campaña a gran escala que, pese a ser ciertamente sucia y mezquina, está consiguiendo transmitir a gran parte de la sociedad la falsa idea de que si no hay recuperación económica y social es por culpa de Podemos, cuando ellos son los principales responsables. Mientras tanto, Podemos queda en una posición de extremada debilidad, sin apenas apoyos sociales, enrocada en sí misma y con la credibilidad por los suelos.
En este punto, sólo nos queda preguntarnos qué pretendían García Molina y su equipo en la sombra con esta maniobra. Para entenderlo falta un ingrediente principal, que nada tiene que ver con los presupuestos, pero que visto el desarrollo de los acontecimientos tiene un peso trascendental: la celebración de la II Asamblea Ciudadana de Podemos Castilla-La Mancha del próximo 14 al 21 de mayo.
Molina rechazó los presupuestos sin pararse a pensar las consecuencias que tendría hacerlo de esa manera, porque lo único que buscaba, descaradamente, es provocar un sonoro choque de trenes con el PSOE que situara en primera línea mediática una confrontación directa con Page, con la intención de tapar ante la militancia su docilidad pasada y con la esperanza de que el cierre de filas le llevara a renovar su mandato otros tres años al frente de Podemos CLM. Sólo hay que ver la brillante solución que ofreció en una carta pública enviada Page: un debate televisivo. ¿Estamos negociando los presupuestos, o estamos en campaña interna? El último tiro al aire, la última pirueta, el último salto sin red, ha venido con el anuncio del 'gobierno en la sombra', de nuevo por sorpresa y sin consultar al Consejo Ciudadano, y en pleno proceso interno para renovar el proyecto y los órganos de dirección de Podemos
Podemos no llegó hasta aquí para que unos cuantos decidan por todos, anteponiendo sus intereses particulares a los colectivos, llegando a poner en riesgo el mayor patrimonio de cualquier fuerza política: su credibilidad. No debemos permitir que hagan la política por nosotros, pues eso es precisamente a la que nos tienen acostumbrados los viejos partidos del régimen. Para ser alternativa de gobierno Podemos debe ser antes una fuerza alternativa y demostrar en la práctica que es posible otra forma de hacer política, lo que en mi pueblo se llama dar ejemplo. Algo en lo que García Molina, y su sombría ejecutiva, dejan mucho que desear.
Gustavo Fabra Sánchez-Garnica
Funcionario de la Junta, sindicalista e inscrito de Podemos

jueves, 13 de abril de 2017

La Luna de tres colores

LA LUNA DE TRES COLORES

La luna es un mujer
que suele dormir de día,
que algunas noches despierta
con plenilunia sonrisa.

Es hija y madre a la vez,
sin pareja conocida;
furtiva todas las noches
en busca va de caricias.

Odiada por los caciques,
por la iglesia incomprendida,
en justas gentes encuentra
el calor que le da vida.

Ha visto silencios huecos
en los campos de Castilla
y el rugir de los fusiles
cercenando muchas vidas.

Sobre las mareas vierte
la cara de su alegría,
mas su cara oculta esconde
su tristeza diamantina.

En el catorce de abril,
chacolí con bulerías,
con tres colores está
la luna llena vestida.

Vibra la pasión del rojo,
el amarillo tilila
y el morado, por abajo,
anuncia que habrá justicia.

Vestida de tricolor
es luna de algarabía:
el lobo entona un danzón
y baila la malvasía.

En la noche del eclipse
la luna mira a hurtadillas.
Un secreto contará
a quien la escuche en vigilia.

Julián Carcaño Pareja, romance, 14-04-2014 - Foto Mayte García López